Como cada año dedicamos un tiempo para recordar y decirle a mamá cuanto la amamos. Sin embargo hoy quiero profundizar un poco más en la relación más importante de nuestra vida y como ésta es determinante en el desarrollo de cada de uno en el camino hacia la adultez.

La madre es nuestro primer amor y una de las relaciones más importantes que se tiene en los primeros años de vida, en especial desde la gestación hasta los tres años. En la etapa no-verbal la madre suples nuestras necesidades aportando seguridad, amor, cobijo y protección. Según como haya sido nuestra madre será como responderemos en el futuro a la experiencia del amor. Las madres sobreprotectoras, criarán hijos evasivos, desapegados y con problemas para comprometerse en relaciones íntimas con su pareja. Las mamás desconectadas o ausentes criarán hijos inseguros, dependientes, temerosos de perder a su pareja con necesidad de buscar el reconocimiento afuera.

Mamá lo pudo a ver hecho bien, más o menos, o muy mal desde la mirada de un hijo. Sin embargo, si le preguntas a mami, ella te dirá que tenerte fue la bendición más grande, que eras la felicidad de su vida, que podía dar su vida para hacerte feliz y darte lo mejor. Pero la percepción que tenemos de nuestro primer amor no siempre coincide con la realidad. De hecho, si son varios hermanos verás que esa percepción es completamente distinta entre ellos a pesar de compartir a la misma madre. Dependiendo cual sea nuestra percepción sobre lo que mamá nos dio: mucho, poco o nada, será el tamaño de nuestro niño herido. Luego, cuando somos adultos nuestra relación con mamá definirá nuestra capacidad de nutrirnos a nosotros mismos, de dar y recibir afecto, de reaccionar ante la adversidad y de lidiar con nuestros temores e inseguridades.

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¿Alguna duda sobre la importancia del rol de mamá? De hecho, es un tema central en las Constelaciones Familiares. Mark Wolynn dice que en esta terapia “podemos observar cómo la relación madre-hijo(a) se puede enredar por un amor ciego y por fidelidad al sistema familiar. El hijo deja de mirar su destino mirando atrás a sus antepasados y repitiendo el destino de alguno de ellos”.

Por ello, mi invitación para todos, este día y todos los días, es a sanar a nuestra madre interna, para lograr sanar a nuestro niño herido. Este es un trabajo que requiere tiempo, terapia, amor, paciencia, apertura y sobretodo aceptación.

Cuando comprendemos la diferencia entre lo que en realidad recibimos y lo que percibimos que recibimos, daremos un paso adelante, convirtiéndonos en esa madre ideal para con nosotros mismos. Sanar a la madre interna es entender que mamá hizo lo que pudo con los recursos que tuvo a la mano y perdonar las memorias negativas que se quedaron en nosotros.

El segundo paso implica ser una mejor madre para cada uno, procurándonos todo el amor, el cuido, el afecto y la atención que necesitamos, sin esperar que terceros (la madre, el padre, los hermanos, el novio, el esposo, la amiga, la sociedad o el país) nos lo provean. Todo comienza con mamá y todo termina con mamá. Sanar esa relación abre la posibilidad de liberarnos, caminar más ligeros hacia nuestro destino y forjar una vida plena y feliz.

Honremos a la madre cada día tal cual como fue y como es, sin juzgar, sin condenar, simplemente aceptándola. Honremos a la madre interna que nos cuida y nutre cada día. En la medida que estamos más conectados con nuestra madre interna, más fácil serán nuestras relaciones con los otros. Celebremos al primer amor de nuestra vida, que al hacerlo estamos celebrando nuestro amor propio y la posibilidad de sanar.

Mi deseo es que este día trascienda lo comercial y sea el primer día para recorrer un camino de amor y evolución.

Feliz día de las madres.

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